Empresas sintéticas

Quizás no sea muy correcto desde el punto de vista del pensamiento formal establecer una correspondencia entre la evolución personal entorno a una disciplina y la evolución natural que dicha disciplina ha tenido, aun así, esta comparación me ha inspirado una nueva reflexión sobre la creación de empresas.

En mi caso – aquí cada uno puede aplicar aquello en lo que es experto y tiene una dilatada experiencia – la analogía la voy a establecer con el diseño de circuitos electrónicos, tarea que me apasiona desde niño. Los inicios eran burdos, sabía cuatro reglas básicas de electricidad (ley de Ohm, terorema de Thévenin … ) y las características que definían el comportamiento ideal (que no real) de los componentes electrónicos más comunes; resistencias, condensadores, bobinas, puertas, “flip-flops”, algo de transistores (el componente, no el aparato para oír los partidos de fútbol) y con este bagaje me ponía a pensar en qué circuito electrónico podría desempeñar una determinada función. A los niños les encanta jugar (y a los mayores también aunque lo llaman de otra forma🙂 ) y con esto de la electrónica ya tenía en mis manos un juego más “exclusivo” que el ajedrez porque lo conocíamos pocos, y en aquella época más poderoso, me permitía construir aparatos prodigiosos, como el radioespía miniatura con el que escuchábamos las conversaciones de los mayores y de las chicas, en aquella época la igualdad no tenía ministerio y el otro sexo era un misterio, porqué no confesarlo. Conocía con qué componentes podía contar (las piezas), como se comportaban individualmente (sus movimientos) y como interaccionaban entre ellas (las reglas del juego).

Al principio era como en el ajedrez, “jugar partidas al buen tuntun”, pero poco a poco descubres que hay ciertas “situaciones comunes” que se resuelven de la misma forma, y descubres que existe una manera formal y más “poderosa” de jugar (aperturas, jugadas, etc). Con el diseño de circuitos sucedía lo mismo, muchas funciones estaban muy bien estudiadas y eran clásicas (polarizaciones, adaptaciones de impedancia, etc).

El juego se convierte en casi una obsesión que dignificada por el sistema académico le eleva a la categoría de profesión, incluso con Colegio. En la Escuela descubres que para que un circuito electrónico realice una función determinada existen procedimientos estructurados que conducen unívocamente a una configuración que la realiza y no es necesario hacer pruebas de ensayo y error hasta llegar a ella ni pruebas del tipo “if … then …”, es posible sintetizar circuitos que cumplan una función determinada sin necesidad de recurrir al análisis previo de su comportamiento.

Por lo que vagamente se (perdón por la osadía de adentrarme en un tema en el que soy profano) en el mundo de la farmacopea sucedía algo parecido. Tradicionalmente se descubre una molécula, se analiza su estructura (para poder fabricarla aunque en ocasiones es a la inversa, se da con ella por “casualidad”) y se averigua para qué sirve (qué cura) y por experimentación (ensayo y error) se desarrolla el medicamento. Cuando descubrí que esto era más o menos así (alento al lector conocedor del mundo farmacéutico que nos ilustre a este respecto) me escandalicé un poco y por eso comprendí cosas como que una molécula utilizada como activador cardiovascular para el tratamiento del infarto terminara comercializándose como crecepelo. Ahora, con la incorporación masiva de las TIC y el explosivo desarrollo de la biología molecular, se está empezando a conocer cual es el mecanismo de una enfermedad y qué características habría de tener la molécula que lo inhibiese y construirla artificialmente – sintetizarla – si es que en la naturaleza no se encuentra. Es el proceso que persigue dentro de una gran controversia Patarroyo en su búsqueda de la vacuna contra la malaria, lo grandioso de su proyecto, además del componente humano que implica la enfermedad, es el desarrollo de la técnica y tecnología asociados a la síntesis de vacunas, y la malaria es un caso práctico más.

Llegados a este punto es cuando quiero introducir, por analogía, el concepto motivo de esta entrada, la utilidad que tendría el desarrollo de técnicas de síntesis para la generación de empresas, empresas “ad hoc” que abarcasen un mercado en particular que satisfaga una necesidad en concreto.

Hoy por hoy la aparición de empresas sigue un mecanismo muy parecido al de los fármacos de antaño, son cientos de “startup” las que financia el capital riesgo con la esperanza que alguna sea exitosa (cure) y es el mercado, siguiendo un modelo análogo al de la naturaleza el que selecciona las que sobreviven. Son miles las personas que en solitario emprenden “al buen tun tun”, guiados por su experiencia e intuición y que cuando tanto el ecosistema económico como el clima económico son los adecuados resultan exitosas, pero de las que cayeron en tierra valdía nadie se acuerda. Cuanto esfuerzo derrochado e ilusiones perdidas … a no ser que el fracaso sea tomado parte de un proceso de aprendizaje camino al éxito.

Mientras escribía esta entrada, me encuentro con una estimación de Raúl Hernández sobre el número de fracasos en empresas de nueva creación, 1 éxito entre cada 1000 intentos. La síntesis parece que no es solo conveniente, es urgente.

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